El 10 de diciembre de 2019 fue otro gran día para la democracia de la República Argentina. No porque Macri haya dejado el poder, sino porque un nuevo gobierno ha asumido y ha sido una «fiesta» respetuosa sin ningún tipo de agresión, lo cual en latinoamérica parece ser todo un ejemplo a seguir.
La casa rosada y la plaza de mayo ha sido colmada por una cantidad de personas pocas veces vista en una asunción presidencial, lo cual habla del poder de convocatoria y unión que hubo para que el Frente de Todos tome la gobernatura hasta el 2023.
Muchos medios han elogiado el primer discurso presidencial del Dr. Alberto Ángel Fernández, por ser medido, llamar al consenso, ser unificador pero también, claro a la hora de describir el país que se le es «entregado» para hacer un llamado a la realidad, de que la República no saldrá de esta crisis «de la noche a la mañana» y que requerirá esfuerzos. Aún así, la experiencia histórica nos indica insistentemente, casi como una quemadura, que suele diferir mucho lo que se dice, de lo que se termina haciendo.
Desde el comienzo, cuando el actual presidente realizó, él mismo, el viaje en auto desde su morada hasta el congreso, sus discursos, hasta la foto ayudando a la ex vicepresidenta Gabriela Michetti en su camino con la silla de ruedas, su mensaje parece ser muy conciliador.
No así parece ser el caso de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, donde se la ha retratado reticente a un cordial saludo de Mauricio Macri, gestualizando con sus manos cuando él entraba y con un discurso más combativo. Aunque, yendo a la verdad, es coherente con lo que siempre hemos visto en ella guste a algunos/as o no.
Una esperanza, casi nula, o casi una verdad revelada, según quien opine, empieza y consigo incertidumbres, porque aunque haya gente de una sabiduría mayúscula prediciendo lo que podría llegar a venir, nadie a ciencia cierta puede ver lo que sucederá.
Desde este blog, le deseamos la mejor de las suertes al electo presidente en su mandato para el bienestar general de los Argentinos.
